El diseño gráfico nos envuelve allá donde vayamos, lo encontramos en las calles, en nuestros cuerpos, en lo que leemos.
Interviene en nuestro estado de ánimo y nos ayuda a formar nuestras emociones acerca del mundo que nos rodea.
Nos encontramos con él en las señales de las calles y carreteras, la publicidad, las revistas, las pastillas para el dolor de cabeza, el logo de nuestra camiseta o el refresco que nos estamos bebiendo.
Forma
Todo diseño debe dar forma a los materiales en bruto con los que trabaja, secuenciarlos, ordenarlos y clasificarlos, aportar una jerarquía.
Indicando mediante la escala, el color y la composición, los temas y asuntos que el diseñador quiere que el espectador o usuario comprenda.
Eficacia
Si el diseño gráfico solo consistiera en escoger un tipo de letra o un color frente a otros que podrían operar actuar igualmente bien, pasaría desapercibido en un mundo bombardeado de imágenes.
El diseño gráfico es mucho más.
El diseño gráfico aporta significado y trasfondo a nuestro entorno visual.
Ningún diseñador por rebelde que sea trata de hacer las cosas más complicadas de lo que deben ser, porque el instinto de comunicar le mueve a simplificar y clarificar el mensaje para hacerlo más eficiente.
Podríamos decir que “el diseño es un hijo directo del concepto de eficacia”.
Objetivos
La creación del diseño gráfico persigue dos objetivos fundamentales.
El primero, conseguir una presentación clara del mensaje en el que debe imperar el “sentido común”. Buscando simplificar y clarificar el mensaje para hacerlo más eficiente. Para conseguirlo se debe dar forma a los materiales en bruto con los que trabaja, secuenciarlos, ordenarlos y clasificarlos, aportar una jerarquía. Indicando mediante la escala, el color y la composición, los temas y asuntos que el diseñador quiere que el espectador o usuario comprenda.
El siguiente objetivo al abordar un trabajo es la de “crear la diferencia”. El producto, la empresa o el evento deben ser fácilmente reconocibles y únicos, identificarse como singulares entre miles distintos.
El diseñador quiere que su trabajo destaque no solo respecto al trabajo de otros profesionales sino también respecto al suyo. La tendencia a crear la diferencia es implacable; en todo diseñador se encuentra muy enraizada una necesidad de impactar, de atrapar la fuerza de una forma visual que sea nueva.
Empuja a la renovación constante del lenguaje y conduce al diseñador hacia la investigación de nuevas formas tipográficas o nuevas combinaciones de color; a encontrar distintas maneras de escapar o romper con los estereotipos; construir nuevas tipografías o encontrar formas inéditas de conjugar palabras e imagen.
Expresión
Todo diseño, incluso el más novedoso, sigue modelos, códigos y géneros ya existentes. Estos modelos o patrones constituyen el tejido, el sistema que construye nuestro lenguaje visual, un lenguaje en continua evolución y expansión.
Como en cualquier lenguaje, este se basa en una gramática propia para dar significado a la expresión visual. El lenguaje visual puede articular infinitos mensajes y conduce al diseñador hacia la investigación constante de nuevas fórmulas, mestizajes entre diferentes códigos, incluso muchas veces toma recursos de otras áreas plásticas (cine, fotografía…)

